Eso se deben haber preguntado varios de mis compañeros de viaje cuando me miraban, absorta en mi lectura de Llenos de vida (John Fante). Pocas veces me ha pasado de mantener la sonrisa capítulos enteros.
Botón de muestra: “Diez minutos después ví al chico. [...] Parecía arrugado y feo, como un gnomo bañado en yema de huevo. Con bigote habría sido igual que su abuelo. Chilló cuando me lo enseñó la enfermera. Conté diez dedos en las manos, diez en los pies y un solo pene. La verdad es que un padre no podía pedir más.”
No es hilarante, pero sí irónico. Toda la novela así. Ambientada en USA en los años 50 rebosante de american way of life. Y el pobre tipo en el medio, viendo para dónde disparar.
(Acabo de enterarme que esta novela pertenece a lo que se llama “realismo sucio”, y que Fante era admirado por Bukowski)
